Hace algunos años leí acerca de un piloto de lanchas
de carrera que había sobrevivido recientemente un
accidente en una competencia. Él decía quehabía estado
navegando a máxima velocidad cuando su lancha se ladeó
ligeramente y le pegó a una ola a un ángulo peligroso. La
fuerza combinada de su velocidad y el tamaño y ángulo de
la ola lanzaron a la lancha al aire dando volteretas. Fue
lanzado de su asiento e impulsado a las profundidades del mar...
a tal profundidad que de hecho no tenía ni idea de en qué
dirección se hallaba la superficie. Tuvo que permanecer en calma
y esperar que el efecto flotador de su chaleco salvavidas comenzase
a jalarlo hacia arriba. Una vez que descubrió por dónde era hacia
arriba, pudo nadar hacia la superficie.
A veces nos encontramos rodeados de opciones confusas,
tan profundamente sumergidos en nuestros problemas
como para saber "por dónde es hacia arriba".
Cuando esto pasa, también nosotros podemos permanecer
en calma, esperando el gentil golpecito de parte de Dios que
nos jale en la dirección adecuada.
Nuestro "chaleco salvavidas" pudiera ser otros cristianos,
la Escritura, o alguna otra impresión o guía de parte del
Espíritu de Dios, pero la clave consiste en reconocer nuestra
dependencia de Dios y en obedecerle.

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